lunes, 26 de noviembre de 2012

MULADHARA "CHAKRA RAÍZ"

"Aprender a vivir en la Tierra"
 
  

El nombre en sánscrito del primer chakra Muladhara que significa raíz, ya pone de manifiesto la principal función que este centro energético tiene para nosotros: el enraizamiento.

Este chakra es representado por los hinduista, como una flor de loto de cuatro pétalos, dentro de la cual hay un cuadrado amarillo. Su interior contiene un triángulo invertido en la sede la fuerza vital e indica el movimiento descendente de la energía, siendo ésta la que nos mantiene enraizados en la tierra, en el mundo de la materia. Los cuatro pétalos del loto representan los cuatros pétalos de nuestro hogar terrenal: tierra, fuego, aire y agua. Por lo que ya en su propia simbología podemos empezar a determinar cuál es el trabajo, con este tipo de energía: la conexión con la Tierra y el mundo de la materia.

Al igual que los árboles y las plantas se nutren de la Tierra a través de sus raíces, los seres humanos nos nutrimos energéticamente de las redes telúricas del planeta a través de este centro de energía, que se encuentra situado dentro del cóccix en la zona del perineo entre el ano y los genitales, justo en la base de nuestra columna. Raíz invisible, electromagnética que desde la base del tronco extiende sus cables de conexión con la Tierra, hacia la que está orientado en posición descendiente.

En este lugar de nuestro cuerpo, tiene su morada la energía más poderosa que tenemos, la llamada Shakti (aspecto femenino de Dios) o energía Kundalini (la serpiente enroscada) que yace dormida en el fondo de nuestro cuerpo esperando que se den las condiciones propicias para despertar y fluir desde la base de la columna vertebral hacia la coronilla. Muchas son las técnicas que buscan el despertar de esta energía, muy relacionada con la iluminación y el rejuvenecimiento del cuerpo físico, pero algunas de estas técnicas buscan hacerlo de una manera artificial a través de importantes ayunos o prácticas intensivas de ejercicios de yoga. Todos nosotros podemos hacerla despertar a través de la conciencia, haciendo ascender esta energía por los principales centros energéticos de nuestro cuerpo, os siete chakras, como un viaje de autoconocimiento y sanación.

Un viaje que comienza en la planta de los pies, a través de la cual se produce un intercambio entre el suelo que pisamos y nuestro propio cuerpo, un intercambio en el que nuestras raíces recogen la energía de la Tierra para transformarla en impulso vital. Por ello nuestra propia fuerza física y nuestros niveles de vitalidad dependen en gran medida de cómo se encuentre nuestro primer chakra, ya que es la gran antena que nos conecta con la Tierra, nuestro vehículo de inserción en el mundo.

Además de su ubicación principal hay otras zonas de nuestro cuerpo relacionadas con el primer chakra, las llamadas ZONAS REFLEJAS. Cada parte de nuestro cuerpo representa dentro de sí, todo el sistema, algunas de las zonas reflejas de nuestro primer chakra son:

* Los talones (base de nuestros pies)
* Los tobillos
* Las muñecas
* La base de nuestras manos, y
* El mentón.

Observando estas zonas y en especial el mentón podemos recibir mucha información sobre nuestro primer chakra, ya que en muchas ocasiones esta antena refleja, está proyectada hacia dentro, como tratando de esconder el mentón en nuestro cuello, o demasiado proyectado hacia adelante, lo que mostraría un posicionamiento vital con un punto de arrogancia.

El primer chakra rige también el sentido del olfato, que es el primer sentido que desarrollamos al nacer, el bebé se siente atraído por el olor de su madre, y en ella siente una fuente de nutrición. La energía del primer chakra rige los siete primeros años de nuestra vida, nuestra primera infancia, tiempo en que el que somos pura vitalidad, puro deseo de descubrimiento, periodo en el que recibimos las claves para la supervivencia, descubrimos el entorno, aprendemos a desplazarnos, comenzando a hacerlo arrastrándonos por la Tierra, sintiéndonos en conexión con esta fuerza, para continuar gateando, y después poniéndonos erguidos, haciendo ascender esta energía vital. Años en los que aprendemos a nutrirnos, adaptándonos de a alimentación lactante, a la alimentación adulta, tiempo donde encontramos nuestros espacio dentro de la burbuja familiar, y aprendemos las pautas básicas para manejarnos en la Tierra.

Esta conexión con la Tierra, desarrollada durante los primeros años de vida, marcará de alguna manera la tendencia energética de nuestro primer chakra. Si hemos sentido la tierra como un lugar seguro en el que desarrollarnos y crecer, nuestra familia nos ha proporcionado un entorno estable y nuestros aprendizajes han sido positivos, generaremos unas raíces sólidas que nos ayudarán a construir los cimientos de nuestra personalidad con una buena conexión con la Tierra a través de la cual recargarnos de energía de manera natural, soltando a su vez todo lo que no nos sirve, sí por el contrario en esos años, la información es negativa y el mensaje que recibimos del entorno no nos ayuda a sentirnos seguros y firmes, probablemente tendamos a cerrar inconscientemente esta antena, empezando a sentir la Tierra como un elemento externo agresivo en lugar de como una madre nutritiva. Lo que esto seguramente nos acarree, serán problemas de asentamiento económico y personal, falta de vitalidad o cansancio crónico.

Pero independientemente de cómo hayan sido nuestros primeros años de vida, siempre podemos reforzar esta conexión con la Tierra, y fortalecer nuestras raíces para anclarnos en el mundo ya que cada uno de nosotros somos como una gran antena, un canal de luz que sintoniza la Tierra con el cielo. Somos energía y hemos encarnado dentro de un mundo físico para espiritualizar la materia y materializar el espíritu, pero cada uno de nosotros ya tiene intrínsecamente una vibración que es única e irrepetible dentro de la creación y dependiendo de nuestra toma de Tierra, esa vibración se anclará y dará frutos o quedará diluida.

Pero siempre estamos a tiempo de hacernos conscientes y cambiar nuestra realidad, ya que estas poderosas raíces que nos conectan con la fuerza que alimenta el sistema, están siempre disponibles para nosotros sin fecha de caducidad.

Este chakra también está relacionado con la energía ancestral, que son nuestras raíces humanas en esta Tierra, el legado de nuestros antepasados, que según sea vivido de na manera o de otra puede suponernos una ancla que nos proporcione un referente con el que manejarnos aquí o una pesada mochila que nos limite a la hora de desarrollarnos.

Al igual que por las leyes de genética heredamos rasgos físicos de nuestros predecesores, también heredamos paquetes de información energética. Este tipo de energía nos vincula con nuestros abuelos que con nuestros padres, como si cada dos generaciones tuviésemos una oportunidad de resolver un tema a tratar. de igual si conocemos o no a nuestros abuelos, sabemos que formamos parte de un sistema de un árbol genealógico, cuyas raíces se pierden en el tiempo, y del que somos el resultado, el resultado de muchos errores y aciertos, de muchas historias de amor y desamor.

Según algunas teorías, antes de encarnar en el mundo físico escogemos a quienes serán nuestros familiares, puestos estos seres por su configuración energética nos proporcionarán el escenario idóneo para venir a experimentar y aprender la lección o lecciones que hayamos escogido.

En esta energía heredada se encuentran gran parte de los códigos que necesitaremos activar para desarrollarnos de manera plena en nuestra estancia en la Tierra, y por tanto a medida que vamos tomando conciencia de nuestras raíces con la Tierra, debemos ir saneando nuestra relación con estas otras raíces dejando de vivir esta energía como un lastre, desde el entendimiento, de que éste fue el escenario escogido en un estado de consciencia mayor para aprender algunas cosas, y sin juicio abrirnos a su potencial formado por todas las experiencias que nos aporta.

Manejar esta energía desde la consciencia nos ayuda a posicionarnos en el mundo, ya que entender de dónde venimos, nos puede ayudar a saber a dónde vamos, siempre que nosotros seamos los conductores de nuestra propia realidad, ya que una mala relación con esa energía puede hacernos perder las riendas de nuestra existencia en pro de la repetición sistémica de los errores, o experiencias vitales de los que vinieron aquí antes que nosotros, lo cual perpetúa los patrones negativos y bloquea el árbol de vida del que formamos parte. Mientras que si nos hacemos conscientes de ser partes de un sistema y de manera consciente, honramos lo  que sus componentes pueden aportarnos, tomando sólo que nos sirve, pero realizando nuestras elecciones vitales en libertad, no sólo sanamos nuestro posicionamiento en el mundo, sino que también ayudamos a sanarse el linaje ancestral del que formamos parte.

Uno de los reservorios principales de energía del primer chakra, muy relacionado con la energía ancestral en nuestro cuerpo son las glándulas suprarrenales, productoras de adrenalina y noradrenalina, que tienen la misión de adaptar la circulación sanguínea a las necesidades concretas regulando la distribución sanguínea. De esta forma el cuerpo está preparado para la acción y puede reaccionar de inmediato ante cualquier circunstancia (características de una buena toma de Tierra). Además, las glándulas suprarrenales tienen una influencia predominante sobre el equilibrio térmico del cuerpo, también muy relacionado con el primer chakra, ya que si la energía de la Tierra, no llega correctamente a nuestro sistema, tenderemos a tener una temperatura corporal baja, y sentiremos ese frío especialmente en pies y manos.

La relación con nuestro cuerpo físico también está regida por nuestro primer chakra, si somos capaces de sentir el cuerpo y estar conectados con sus necesidades tendremos una buena toma de Tierra, lo que se corresponderá con una buena salud, ya que el cuerpo nos va dando las pistas que necesitamos para mantenerla, si somos capaces de escucharle, conoceremos nuestras auténticas necesidades, de actividad y descanso, alimentación, que ambientes nos sientan bien y cuáles no son hostiles, que personas son positivas para nosotros y cuales nos drenan la energía, una buena conexión con el cuerpo, nos conecta con el instinto, desarrollándolo al igual que los animales, que ven en la Tierra y en la naturaleza todos los signos que necesitan para su supervivencia, sentir corporalmente nos ayuda, a reconectarnos con el lenguaje del instinto, y en la sociedad en que vivimos regida por el imperio de la mente, es importante encontrar los espacios para volver a sentir el cuerpo, aunque sea simplemente caminando despacio o realizando alguna práctica meditativa de consciencia corporal.

Texto extraído del libro:

Chakras, el camino del equilibrio
Almudena Martín e Irene Martín




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